GALO CHÁVEZ FLORES

GALO CHÁVEZ FLORES

LUMINISCENCIA MÁGICA

Juan Luis Sigüenza – Curador de la exposición

El hombre es de la tierra. El pintor del agua y la naturaleza. Galo Chávez Flores es un artista plástico que ha elevado su obra mucho más allá de un hermoso paisaje. Presenta la naturaleza con ese toque mágico de su pincel. Su propuesta ambientalista ha capturado la atención de todos quienes disfrutan su arte.

Nace en la ciudad de Ambato. Es Licenciado en Ciencias de la Educación, con mención en bellas artes. Ha sido considerado como uno de los mejores artistas de Latinoamérica, debido a la calidad de su trabajo y a su larga trayectoria artística.

Sus obras han recorrido el mundo entero; Perú, Colombia, Argentina, Chile, Venezuela, Estados Unidos, Alemania, Italia, Inglaterra entre otros. Sus obras se encuentran en museos y galerías como: Casa de la Cultura, Municipio de Ambato, Colegio Galo Miño, Pinacoteca Unifinsa – Guayaquil, Banco Central del Ecuador, Embajada de México (Canadá), Embajada de Ottawa (México) y Taxco.

Ha destacado como: Maestro de bellas artes en dibujo, pintura, micro escultura y modelado, conceptualizador y calificador de obras artísticas y concursos.

Es miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Tungurahua y del Consejo Hispanoamericano de Artes y Letras de Loja. 

Ganador de 57 premios entre reconocimientos, preseas y menciones, con más de 300 exposiciones como artista profesional.

 «Yo soy la diferencia creada por Dios para defender la naturaleza, su obra y su memoria»

Galo Chávez Flores

Resulta encantador contemplar obras llenas de vida, luz y color, que conjugan escenas mágicas entre valles y montañas, donde nace el agua y nace la vida. El arte recrea a la naturaleza, con la mano prolija de su creador. La obra de Galo Chávez están cargadas de sensibilidad, donde el sol dialoga con los gélidos de las montañas y las nubes transitan al ritmo del viento. Mirar su obra, es sentir la envoltura y el caminar de la neblina que se arrastra por las rocas perpetuas de la naturaleza vendando los encañonados para ocultar los huaicos sagrados de su atlas. Igual se aprecia en las marinas de aguas reverentes y cielos armónicos.

Juan Luis Sigüenza

El agua, en ocasiones, descansa como un gran espejo que refleja el cielo, reposa cautelosa cubierta de telas del viento. En otras, es dinámica, busca la forma de escapar serpenteante entre las estepas y pastizales hasta convertirse en riachuelos que arremeten abriendo surcos y van calando profundo, causando heridas en la tierra y a su paso estremece el aire por donde viajan sus sinuosidades que se convierten en serpientes maleables y se arrastran hasta arrojar bocanadas de melcochas blancas en olas verticales, golpeando los acantilados. Otras corrientes sagradas se extienden placenteras como sábanas blancas entre pirámides de color rocoso, para así ozonizar el aire mediante la bruma que como veladuras de agua, en este caso de color, abrazan su entorno de fuerza y energía vital por su caída y así mostrarnos esos fenómenos bellos y sublimes de su grandeza.

Juan Luis Sigüenza

Su obra habla con el color y la forma, aprovecha la luz para crear volúmenes y contrastes densos, espacios de paz sin contaminación, cargados de energía. En su obra la vida fluye y se transmite con piel de agua y la policromía de los ecosistemas. Es mirar el paisaje excelso, mágico y pintoresco. Adentrarse en cada trabajo es sentirse abrazado de la frescura del aire y del viento, mientras desde lo alto la energía suprema nos vigila e intimida en su conexión con el universo, son claras las representaciones de la naturaleza naturata, como creación de Dios y la naturaleza naturans, repleta de esa sustancia infinita que se entreteje como sistemas de neuronas para transmitir información y reflexionar frente a la vida en estado puro, donde no existe más contaminación que la grandeza divina ante la diminuta vida humana. Hay que detenerse a mirar el agua y seguir el movimiento, escuchar desde el espíritu cómo golpea en cada torrente y cada oleaje que llega, arremete y se revitaliza empujada por el viento y así despertar el subconsciente que duerme en la demencia destructora del ser humano.

Juan Luis Sigüenza

GALO CHÁVEZ FLORES

LUMINISCENCIA MÁGICA

Juan Luis Sigüenza – Curador de la exposición

El hombre es de la tierra. El pintor del agua y la naturaleza. Galo Chávez Flores es un artista plástico que ha elevado su obra mucho más allá de un hermoso paisaje. Presenta la naturaleza con ese toque mágico de su pincel. Su propuesta ambientalista ha capturado la atención de todos quienes disfrutan su arte.

Nace en la ciudad de Ambato. Es Licenciado en Ciencias de la Educación, con mención en bellas artes. Ha sido considerado como uno de los mejores artistas de Latinoamérica, debido a la calidad de su trabajo y a su larga trayectoria artística.

Sus obras han recorrido el mundo entero; Perú, Colombia, Argentina, Chile, Venezuela, Estados Unidos, Alemania, Italia, Inglaterra entre otros. Sus obras se encuentran en museos y galerías como: Casa de la Cultura, Municipio de Ambato, Colegio Galo Miño, Pinacoteca Unifinsa – Guayaquil, Banco Central del Ecuador, Embajada de México (Canadá), Embajada de Ottawa (México) y Taxco.

Ha destacado como: Maestro de bellas artes en dibujo, pintura, micro escultura y modelado, conceptualizador y calificador de obras artísticas y concursos.

Es miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Tungurahua y del Consejo Hispanoamericano de Artes y Letras de Loja. 

Ganador de 57 premios entre reconocimientos, preseas y menciones, con más de 300 exposiciones como artista profesional.

 «Yo soy la diferencia creada por Dios para defender la naturaleza, su obra y su memoria»

Galo Chávez Flores

Resulta encantador contemplar obras llenas de vida, luz y color, que conjugan escenas mágicas entre valles y montañas, donde nace el agua y nace la vida. El arte recrea a la naturaleza, con la mano prolija de su creador. La obra de Galo Chávez están cargadas de sensibilidad, donde el sol dialoga con los gélidos de las montañas y las nubes transitan al ritmo del viento. Mirar su obra, es sentir la envoltura y el caminar de la neblina que se arrastra por las rocas perpetuas de la naturaleza vendando los encañonados para ocultar los huaicos sagrados de su atlas. Igual se aprecia en las marinas de aguas reverentes y cielos armónicos.

Juan Luis Sigüenza

El agua, en ocasiones, descansa como un gran espejo que refleja el cielo, reposa cautelosa cubierta de telas del viento. En otras, es dinámica, busca la forma de escapar serpenteante entre las estepas y pastizales hasta convertirse en riachuelos que arremeten abriendo surcos y van calando profundo, causando heridas en la tierra y a su paso estremece el aire por donde viajan sus sinuosidades que se convierten en serpientes maleables y se arrastran hasta arrojar bocanadas de melcochas blancas en olas verticales, golpeando los acantilados. Otras corrientes sagradas se extienden placenteras como sábanas blancas entre pirámides de color rocoso, para así ozonizar el aire mediante la bruma que como veladuras de agua, en este caso de color, abrazan su entorno de fuerza y energía vital por su caída y así mostrarnos esos fenómenos bellos y sublimes de su grandeza.

Juan Luis Sigüenza

Su obra habla con el color y la forma, aprovecha la luz para crear volúmenes y contrastes densos, espacios de paz sin contaminación, cargados de energía. En su obra la vida fluye y se transmite con piel de agua y la policromía de los ecosistemas. Es mirar el paisaje excelso, mágico y pintoresco. Adentrarse en cada trabajo es sentirse abrazado de la frescura del aire y del viento, mientras desde lo alto la energía suprema nos vigila e intimida en su conexión con el universo, son claras las representaciones de la naturaleza naturata, como creación de Dios y la naturaleza naturans, repleta de esa sustancia infinita que se entreteje como sistemas de neuronas para transmitir información y reflexionar frente a la vida en estado puro, donde no existe más contaminación que la grandeza divina ante la diminuta vida humana. Hay que detenerse a mirar el agua y seguir el movimiento, escuchar desde el espíritu cómo golpea en cada torrente y cada oleaje que llega, arremete y se revitaliza empujada por el viento y así despertar el subconsciente que duerme en la demencia destructora del ser humano.

Juan Luis Sigüenza